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¿Así era yo, no?

by Daniel on diciembre 31st, 2011 at 19:20
Posted In: Buscando un ideal

Nunca entendí bien a esas personas que decían que por favor, que se terminara de una vez el año, que empezase otro que les trajese más suerte. ¿Para qué?, me preguntaba. ¿Tan mal les fue? ¿Tanto sufren como para querer que pasen los días? ¡Días! ¡Tiempo! El mayor regalo para dejarlo escapar, cual arena en las manos de un niño.

Un año después de aquel 31 de diciembre de 2010, entendí esa frase. Hace un año, me vine directamente de Madrid para pasar la Nochevieja con mis padres. No me lo pidieron, yo ya vivía allí, y sabían que cualquier plan lo iba a tener en la capital. En Málaga, entre viajes y ausencias, sencillamente no había planes.

No importó. Cena, cita temprana con la cama, chapuzón al día siguiente en la playa y un año nuevo que empezaba. Dios, qué año. Mi hermano, en una conversación de hace unos minutos, me avisó de lo peligroso que puede ser esto de Internet en situaciones tan drásticas como las que he vivido. Lo que puede multiplicar la desazón, el agobio, el enfado, la incertidumbre. Lo expuesto que estoy por un Facebook, un comentario tonto en Twitter o hasta la firma de unas fotos en ACB.COM. Y eso que actualizo mi blog tan poco. Por eso, llega un punto en el que no sé qué puedo o no contar para no hacer más daño.

Pienso en 2011 y mil emociones se me vienen a la mente. Mil. Alegrías intensísimas, nervios, sufrimientos extremos, sentimiento de culpa, momentos para recordar. Discos que sonaron hasta el infinito, paseos por El Retiro, conciertos sentidos, viajes, que no falten, confesiones, instantes de soledad, de miedo. Ganas de chillar al mundo, por desahogo o euforia, momentos emocionantes, simbólicos. Todo cambió en mayo para volver a cambiar en julio. Todo cambió en 2011 para cambiar mi vida.

Fui valiente, por más que algunos pensaran que era un cobarde, aunque quizás la sinceridad absoluta habría hecho menos daño. Mala estrategia.

De Madrid a Málaga, de la estabilidad al remordimento, del piso compartido a la independecia. Y los que venían de mi mano se fueron. Con algunos duele, por haberles fallado. Con otros alivia, por sentir que solo fui un relleno en la lista de boda, un “novio de” o un amigo de paso. Y por sentirme juzgado. Jamás tuve derecho a réplica. Llegó gente nueva. Alguna para volver a desaparecer, decepciones tremendas, sí. Otras para aportarme mucho, especialmente en la recta final de esta etapa montañosa llamada 2011. A ellos gracias. A los que demostraron no haberse ido nunca, míticos en mi vida, que jamás vuelvan a irse.

Llegó una nueva etapa, durísima en muchos aspectos, con momentos maravillosos en otros, que me planteó dos cuestiones claras: ¿Vale la pena luchar? ¿Y mañana qué? La primera pregunta ya tiene respuesta. Descifrar la segunda, mi reto para 2012. La incertidumbre, mi mayor enemiga en estos últimos meses.

Se va el año en el que salí entrevistado en Gigantes, el de mi conferencia con Daimiel y Paco Torres, el de las felicitaciones por los artículos, sí. Pero se va con regusto amargo. Puedo y debo dar mucho más en mi trabajo, y lo haré cuando encuentre la estabilidad mental necesaria para poder escribir sin más tensión que la de la silla inclinada. Reto pendiente.

Más viajes, concretar proyectos personales que pueden a llegar a ser profesionales, mayor madurez, menos agobios, conservar a la gente que ha demostrado que yo le importo, hacer feliz a quién más me quiere y mandar al diablo las lágrimas, jamás un solo año vio tantas, objetivos 2012. Al garete las montañas rusas, los viajes semanales por el cielo y el infierno, las peleas, el martirizarme con el pasado, las dudas. A confiar en los cambios, en El Cambio más bien, en la revolución tranquila que dicen, causar un poquito menos de dolor, a tomármelo todo con un poquito más de alegría, de entusiasmo. Al fin y al cabo, ¿así era yo, no?

Feliz año, amigos.

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nov10

Aliteración cumpleañera

by Daniel on noviembre 10th, 2011 at 08:48
Posted In: Buscando un ideal

“Porque de todo comienza hacer ya mucho tiempo”, canta Bunbury. “Porque las cosas cambian”, me vuelve a gritar. Porque hoy cumplo años. Porque la melancolía, vieja compañera de viaje, jamás me suelta el brazo.

Porque debería sentirme feliz con tanta gente encima mía y me siento quizás un poco más solo que nunca. Porque ha sido el año más raro de mi vida, el de los cambios, el de dejar atrás a gente que valía a la pena, el de fallar a otros. Porque no me dejo ayudar nunca, que dice mi amigo Paco, porque aquel que vive de las palabras no sabe ponerlas  en orden y con coherencia para expresar cómo se siente.

Porque la felicidad está ahí, sí, pero es frágil. Porque el pellizco en el estómago no desaparece, y no sé qué medicina tomar. Porque las lágrimas me visitaron más que nunca en los últimos meses. Porque el remordimiento está ahí, porque las ilusiones siempre tienen asterisco. Porque el agobio me gana el pulso unos días y cuando el vencedor soy yo tengo que librar otra batalla al instante.

Porque 27 es un número precioso, sí, pero me da vértigo. Porque de pequeño decía que a esta edad me casaría y tendría hijos y ahora firmaría una prórroga de otros 27. Porque mi nuevo piso es acogedor pero sigue siendo frío. Porque el eco de la soledad es más prolongado que mis aliteraciones. Porque tuve que dormir en el piso de mis padres para despertar y recibir un abrazo. Porque no quiero dar pena ni recibir mensajes de ánimo pero a la vez quería chillarle al mundo.  Porque no sé qué hago delante de un ordenador y no en una ciudad extranjera perdido con mis nervios y mi mochila.

Porque sé que me arrepentiré al darle a enviar. Porque voy a volver a levantarme.  Porque el idealista nunca puede morir. Porque yo soy yo. Porque hoy es hoy. Porque el 10 de noviembre arregle lo que él mismo estropeó. Porque, a pesar de todo… me lo merezco.

:)

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ago01

Soñar para ser

by Daniel on agosto 1st, 2011 at 17:55
Posted In: Buscando un ideal

“Me he vuelto nihilista y sueño con no soñar”. O quizás sí sueño con soñar. O mejor aún soñar con vivir sueños sin dejar de seguir soñando. ¿O era al revés?

Maldita la psicodelia que se transforma en lágrimas. Maldito universo paralelo ese de una felicidad tan cara que exige siempre letra pequeña. Malditos los de Dorian, por qué no, por hacerme sentir tanto de una forma tan gratuita e inesperada. Disfraz de canción abonada al “club del ni fú ni fá”, de esas que tocaron durante años a mi puerta sin que yo abriese… hasta acabar fundiéndome en ella bajo el cielo de Benidorm.

He cambiado de vida, de ciudad, de circunstancias y de contexto, pero no voy a cambiar el blog. Porque siempre fue mi refugio. Porque si dejo de buscar ese ideal no soy nada. Porque escribir me ayuda a secar mis lágrimas en los días malos y a sonreír más en los buenos.

“Un buen verso quizás sea el lado valiente de un cobarde”
, escribía Bunbury. Y yo, por más que me digan, soy un absoluto cobarde, el mayor que conozco. Un cobarde idealista, sí. Un cobarde incorfomista, también. Un cobarde con remordimientos, por supuesto. Pero un cobarde al fin y al cabo.

Hablo, hablo por los codos, pero escribiendo soy yo. Escribiendo, mejor o peor, a veces creo que puedo cambiar el mundo. Mi mundo, aunque solo sea eso. Convencer al que duda, conquistar al reticente, interesar al indiferente, derribar los problemas que construyo, dibujarme una sonrisa.

De pequeño me declaraba por cartas, de mayor mis letras hablan por mí. Hasta conseguí un trabajo en el que gritar a través de mis teclas, expresándome por una fría pantalla, ardiente cuando la miro.

¿Cómo renunciar a esta página? ¿Cómo renunciar a lo irrenunciable? Jamás aceptaré un contrato que impida el desahogo y solo la alegría es excusa para el olvido. Pero vuelvo, siempre vuelvo. Como he vuelto a Málaga, le dije hasta luego, como volveré a Madrid, le he dicho hasta luego, como volveré a cada sitio o persona de mi vida que me haya hecho feliz, por más que el orgullo de hoy crea capaz de tapar la nostalgia del ayer.

El soñador que no sueña es ese agua insípida que moja pero no quita la sed. Ni tras los meses más difíciles en años puedo renunciar a hacerlo. No para ser más feliz. No para ser más fuerte. Simplemente para ser. Simplemente ser.

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jun08

Jorge Semprún

by Daniel on junio 8th, 2011 at 06:38
Posted In: Pasaba por aquí

“¿Sabe usted que eso, que es lo más importante y lo más terrible, es lo único que no se puede explicar? El olor a carne quemada. ¿Qué haces con el recuerdo del olor a carne quemada? Para esas circunstancias está, precisamente, la literatura. ¿Pero cómo hablas de eso? ¿Comparas? ¿La obscenidad de la comparación? ¿Dices, por ejemplo, que huele como a pollo quemado? ¿O intentas una reconstrucción minuciosa de las circunstancias generales del recuerdo, dando vueltas en torno al olor, vueltas y más vueltas, sin encararlo? Yo tengo dentro de mi cabeza, vivo, el olor más importante de un campo de concentración. Y no puedo explicarlo. Y ese olor se va a ir conmigo como ya se ha ido con otros”. Hoy esas palabras son más ciertas que nunca.

(11-04-2010):

“Por última vez, pues, el 11 de abril, ni resignado a morir ni angustiado por la muerte sino furioso, extraordinariamente irritado por la idea de que pronto ya no estaré aquí, en medio de la belleza del mundo o, por el contrario, en su grisácea insipidez -que en este caso concreto son la misma cosa-, por última vez, diré lo que tenga que decir”.

http://bit.ly/l6S4me (Artículo de EL PAIS)

Descansa en paz, Jorge Semprún

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may29

Con la conciencia tranquila

by Daniel on mayo 29th, 2011 at 07:52
Posted In: Buscando un ideal, Mundo Plumilla

Suena “The Greatest”, de Cat Power. Es uno de esos días en los que quisieras volar y te acabas conformando con ver el cielo de cerca. De esos en los que las palabras me guían y no al revés. Bendita corriente la del río de la inspiración.

Me gusta esta casa. Es luminosa, muy luminosa. Tanto que despertar sin luz es sinónimo de día largo, con pinta de eterno por el trabajo. Con El Retiro a una docena de pasos, ver amanecer desde un salón podría ser traumático. La tele lo intenta pero no puede. La música puede pero no lo intenta. Mi blog vuelve a ser refugio del que solo tiene palabras.

Palabras, palabras… las odio y me encantan. Le dan de comer, sí, al loco soñador que quería vivir de esto. No sé por cuánto tiempo más, pero si de algo sirven el miedo al mañana y la incertidumbre del día siguiente es para valorar un trabajo que querría tener para siempre. Un jefe que es más un amigo, unos compañeros que también se merecen esa calificación y una libertad anhelada que a veces me planteo si aprovecho como se merece.

“Escribe, escribe. Escribe de lo que quieras”.
Una consigna, un portátil y una ventana al mundo. Demasiadas facilidades para tan pocos resultados. No tengo ninguna excusa y me aterra pensar que lo ofrecido en tres años es lo máximo que puedo dar. En teoría, lo que se ha visto es lo que hay y si en todo este tiempo no he dado un paso al frente no sé cuándo lo iba a hacer. Que sí, que puedo organizarme mejor y que tengo el condicionante de que todos los días puedo escribir (viernes previa, sábado y domingo llevar la web durante la jornada), pero me frustra ver aquello que el niñatillo ambicioso de 18 años ni intuía, mis verdadero límite, tan cerca.

Llevo 8 meses en Madrid y aún no he podido (¿podido?) pasarme por la Fundación Ferrándiz, aquella que iba a ser fuente de mil y un artículos. Tengo tropecientas ideas perdidas entre documentos de texto o marcadores del Firefox por realizar. Por favor, si hasta he tenido la oportunidad de tener un blog en ACB o en FIBA y me quedo con la sensación de que no he sabido explotar esa suerte.

No es pesimismo, es miedo. O autocrítica. O un golpe en mi propia mesa buscando reacción. Estoy roto, acabo la temporada muy cansado mentalmente, con demasiadas cosas en la cabeza y con la desazón de no encontrar un artículo que me haya llenado desde hace un par de meses. Mitad bloqueo, mitad impotencia.

Perdido en el bucle de “The greatest”, que no deja de sonar y sonar repetidamente desde la primera letra de este texto, me pregunto el motivo de actualizar el blog con esto o desnudar tanto al mundo mis temores o frustraciones acerca de mi trabajo. Mi trabajo soñado, repito. Ahora lo he visto más claro. No sé si como acicate, aunque sí seguro que por un mínimo de cariño a este puesto y a mí mismo, voy a acabar a lo grande, yendo a por todas.

“Hubo una vez que yo quería ser el mejor… no había viento ni cascadas que pudieran pararme”
, canta Cat Power, como si se hubiera metido en mi mente. Como cuando hace cuatro años y después de irte para siempre, querida “Tita Vitoria”, te prometí que conseguiría este trabajo por ella. Como cuando entré hace tres en la web, cargado de ilusión, jurando y perjurando que “completaría ese puzzle”.

“Quiero agradecer a Dani saber incentivar mi inquietud profesional con su magnífica narración”.

Lo leo y lo releo. Y sigo sin creérmelo. La primera vez que salgo en los agradecimientos de un libro (“Cuando fuimos los mejores”, de Álvaro Paricio) no me podía haber hecho más ilusión. Y él no lo sabe -lo hará ahora, tras leer el blog-, pero esas palabras, aún más las que me puso en la propia dedicatoria, han llegado en el momento que más necesitaba creer en mí mismo. Lo voy a hacer. Lo voy a conseguir. Y si en dos meses se acabó el sueño, lo habré hecho con la conciencia tranquila. Faltaría más.

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may20

#spanishrevolution

by Daniel on mayo 20th, 2011 at 10:59
Posted In: Buscando un ideal

Lo pienso, lo planteo, me reprimo y me callo. Y no me gusta. Siento ganas de gritar, de protestar, de volverme a disfrazar de utópico, de iluso tal vez, pero siempre soñando. Aires de cambio y de rebeldía poco compatibles con mi trabajo, con ese Twitter tan corporativo y quizás con hasta con el Facebook, con anónimos que solo me conocen por mi trabajo que no tendrán ninguna gana de saber mi ideología.

No quiero enemigos por mi forma de pensar pero tampoco sé disimular. Si mi amigo Gon acabó explotando en aquel inolvidable mensaje, yo siempre tendré coartada. Vuelvo a esas semanas de 2004, donde parecía que cambiaríamos el mundo. Vuelvo a sentirme animal político. Vuelvo a sentir orgullo por lo que veo. Vuelvo a creer. Soy un romántico sí, pero me quedaré sin voz buscando siempre ese ideal…

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may04

Maldita dulzura

by Daniel on mayo 4th, 2011 at 07:54
Posted In: Cuentos musicoides

Maldita sea. Repetí en mis oídos tantas veces ese hipnótico y pegadizo “El hombre del saco”, que tardé aún más en envolverme de la siguiente canción del nuevo disco de Vetusta Morla, ese “Maldita dulzura” que me pone un poco triste, pero que a la vez me fascina. Como todo lo que te gusta o te hace sentir en esta vida.

Que cada día me entren tantas ganas de escribir en el blog no sé hasta qué punto es buena señal. Pero mientras sea con canciones así, bendita inspiración. Y el sábado… concierto de ellos en Málaga.

Vetusta Morla – Maldita dulzura

Hablemos de ruina y espina,

hablemos de polvo y herida.

De mi miedo a las alturas…

lo que quieras, pero hablemos.

De todos menos del tiempo

que se escurre entre los dedos…

Hablemos para no oírnos

Bebamos para no vernos

Y hablando pasan los días

que nos quedan para irnos

Yo al bucle de tu olvido,

tú al redil de mis instintos.

Maldita dulzura la tuya,

maldita dulzura la tuya

maldita… dulzura la tuya.

Me hablas de ruina y espina

me clavas el polvo en la herida

me culpas de las alturas

que ves desde tus zapatos

No quieres hablar del tiempo

aunque esté de nuestro lado

Y hablas para no oírme

Y bebes para no verme

Y yo callo, río y bebo

no doy tregua a mi consuelo

No es por maldad, lo juro

es que me divierte el juego

Maldita dulzura la mía

maldita dulzura la mía

maldita… dulzura la mía.

[…]

Maldita dulzura la nuestra…

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abr23

El trompetista

by Daniel on abril 23rd, 2011 at 13:45
Posted In: Buscando un ideal

Lo recuerdo como si fuese ayer. Había sido, con certeza, una de las mejores semanas de mi vida. Febrero de 2002. Último año del instituto. Semana Blanca. Londres, la seductora Londres. Yo había viajado bastante hasta ese momento pero ese fue mi primer viaje sin mis padres, por libre, acompañado por mi amigo David. Nuestro techo, la casa de mi hermano, que con 2 habitaciones minúsculas nos alojó a unas 7 personas por aquellos días. Tampoco se dormía tan mal en el suelo.

Benditos 17. Inocencia perdida, como perdidos caminábamos por Londres. Todo era nuevo para nosotros. Independencia, libertad. También locuras, por qué no. El mundo se había parado en aquellos días y desde el segundo piso del bus uno se siente monarca. Sin embargo, mi cuento de hadas adolescente tuvo un final amargo.

Una pelea con mi hermano idiota, tan idiota que ni merece la pena contar. Fue enorme. Le dije de todo, jamás hablé con tanta crueldad. Cerré con violencia la puerta justo antes de irnos hacia el aeropuerto y, en el autobús, comencé a llorar como el crío que era. Mi amigo me consoló y me decía que en unos días se nos habría olvidado, pero yo sabía que no le volvería a ver hasta el verano, ya que él estaba por entonces viviendo allí. Nos esperaba, además, un viaje de vuelta a casa eterno, teniendo que coger autobús, tren, pasar la noche en el aeropuerto, pillar el avión, hacer tiempo en Madrid y volver a Málaga desde la capital en bus. El eterno Daibus. Eran más de 24 horas y esa triste despedida me iba a matar.

Llegamos a King Cross Station. Qué frío hacía, maldita sea. Yo contenía las lágrimas hasta que le oí a él. Un trompetista excelso, que envolvía la estación con su música, tan bella como hiriente. “Yesterday… all my troubles seemed so far away”…

¿Por qué era tan cruel conmigo? Lo consiguió. Bajo la lluvia y entre lágrimas, busqué una cabina, llamé a mi hermano y le dije que le quería. Yo, el orgulloso, el que ha perdido mil oportunidades y amistades por su estúpida dignidad, el impaciente, el rencoroso. Lo hice. Es de las llamadas de las que más orgulloso me siento en mi vida. Con el tren a punto de partir, corrí, sin que ese “Yestarday” cesase, y le di la libra que me quedaba en el bolsillo. Eran 300 pesetas de la época para un chaval de 17, pero le hubiera dado un billete si lo hubiera tenido. Pocas veces unas lágrimas me hicieron tanto bien.

[...]

Nueve años después, también con lluvia, intermitente y tramposa, volví a sentir al trompetista. Han cambiado tantas cosas. La melancolía de hoy no me la calmó el amigo de entonces, perdido en esa carrera de fondo que es la vida. Las gotas de independencia del ayer son hoy fuente incesante, con el orgullo de sentirme libre y dueño de cada uno de mis pasos. Paseaba por Madrid, con la capucha frenando las lágrimas del cielo y los pantalones piratas calando en mis venas la primavera madrileña. Estoy tan feliz que los días tristes saben mucho peor. Y le vi.

Como si fuese su hermano. Hombre negro, de complexión ancha. Este tocaba un poco peor, para qué engañarme. Me quité los cascos, ni siquiera The Doors me comprendían esta mañana. Me limité a pensar y a mirar, a darle vueltas a mi cabeza y escuchar, deseando sin éxito con todas las ganas del mundo que, como entonces, sonase el “Yesterday”. Sin embargo, justo cuando ya me iba, escarbando en el bolsillo, el mundo volvió a parar, con John Lennon reencarnado en aquel trompetista.

“Now I need a place to hide away”, sonaba, en esta bella ciudad donde nadie te mira pero en la que nunca estás solo. No había cabinas, ni llamadas pendientes, ni cambios urgentes. Pero me hizo sonreír y secó las lágrimas… que esta vez no rozaron mi cara. Esta vez solo tenía un euro. Un devaluado euro. Barata terapia para aliviar los días grises…

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