V Año d.C.
Disculpad la ausencia. Fueron días con menos tiempo del habitual, marcados por el final de las Series Colegiales que, a su vez, marcan casi el final de mi contrato hasta que a la ACB le apetezca llamarme para otra cosa. O para otras Series. Es complicado no pasarse por aquí cuando hay tanto por comentar. Es increíble contemplar cómo ni una catástrofe del nivel de la sufrida por Birmania humaniza a un dictador. Las lágrimas de una China que en dos meses nos tendrá como huéspedes nos conmueven, pero no tenemos o no encontramos un pañuelo tan grande como para consolarles. La sinrazón del que mata y del que lo justifica.
Y asuntos baladíes, los más. La noche en blanco pasada por agua tan decepcionante como un circo sin payasos. No sólo en francés suena más bonito Nuit Blanche, sino que se lo toman más en serio. Málaga, ciudad europea de la cultura 4016. Tal vez así, sí. Y es que se cargan el cine independiente (el mítico Albéniz) con una pasmosidad que asusta. La misma con la que Radio3 dejará de ser un reducto de buena música para románticos y locos en las ondas para convertirse en una radio sin identidad ni alma. Con Fuentes al fin del mundo, claro. ¿Importaba tanto la audiencia en una cadena pública? Va a ser que Málaga no es la única que desprecia la cultura.
Cada uno de esos temas merece su parrafada pertinente mas hay motivos por los que merece la pena saltarse el guión. Hoy es 15 de mayo. En mi extraña cabeza, esa que parece tener una particular alarma para avisarme de un cumpleaños un día después del mismo, comienza a haber overbooking de efemérides. Bendito problema tener tantas fechas buenas como para recordar. Justo hoy hace un lustro del primer día que vi sus ojos y esas manos que para colmo me entregaron un CD, cómo no, de Sodastereo. Hace dos años expliqué un poco la historia en un artículo que ya os podíais leer, pero me apetecía volver a recordar.
Lo que son las casualidades. Si mi hermano no hubiera ido a Argentina yo no hubiera conocido a Bersuit. Si no me hubiese gustado el baloncesto no habría entrado en aquel foro. Si no me hubieran gustado, al mismo tiempo, Bersuit y el baloncesto, jamás habría escrito ese mensaje sobre la banda argentina en el foro de la ACB. Ella también los conocía y eso era un nexo de unión. Algo es algo. Me habló de Sodastereo y me prometió, más por lo buena que siempre fue que por haberle dado yo muchos motivos para ello, grabarme un par de CDs del grupo. Por tanto, el concierto de los argentinos en mítica Gruta 77 madrileña era la mejor excusa posible para ese encuentro. Iba con mi hermano, la prescindible Virginia y un par de amigos (de ellos) argentinos.
El concierto me pareció maravilloso. No sólo porque era la primera vez que les veía en directo. Ni siquiera por compartirlo con solo dos centenares de personas más y sentirme un privilegiado por ello. En realidad creo que marcó, más que el simple hecho de cumplir 18 o de llegar a la universidad, el principio del fin de esa adolescencia que inicié el instituto y parecía no querer acabar. Si nos hubiéramos ido después del concierto, en lugar de quedarnos a tomarnos unas copas… ¿Qué habría pasado? ¿Se habría enfadado? ¿Hubiéramos un año después empezado aquella historia? Sin CDs seguro.
Qué relativo es todo. Ella definía en su propio blog, allá por enero del año siguiente (antes de comenzar conmigo) así tal concierto, tal fecha:
“15 de mayo de 2003, primera vez que escucho Un pacto, en una pequeña sala de conciertos en Madrid, Gruta 77, en Carabanchel, una noche que sirvió para reunir a unos cuantos argentinos que se sintieron como en su casa, con su música, con tanta magia.Y yo me enamoré de la Bersuit, hablé con el “Pelado” Cordera y conseguí que nos dedicara una canción “Murguita del sur”, así que todo salió perfecto. Encontré mi camiseta de Boca, la que este verano me ha acompañado en cada uno de mis viajes y que ahora descansa en un cajón esperando que vuelva el sol, el buen tiempo y los viajes. Ví durante unos segundos a una persona que va a ser importante en mi vida, porque esas cosas se saben poquito a poco, me reí, me emocioné, fue un día casi perfecto, mejor dicho una noche casi perfecta en un día que había sido muy difícil por todas las connotaciones que había”.
Qué idiota. Poco más y no me nombra. Ya os digo que es el tiempo el mejor aliado para tomar perspectiva y analizar los hechos. Y el tiempo ha hablado. Un lustro, cinco años y sesenta meses dan para mucho. Con Ella más. Feliz Año V d.C (después del Concierto).


Regumiel de la Sierra. Es un pueblo burgalés que no tengo el placer de conocer pese a que según ese sabelotodo llamado Google parece bonito.
“Que trata de Andalucía, prima, y que no te enteras de ná”. Escucho a los Aslandticos y me dieron ganas de pasarme por aquí. Es curioso, soy lo menos nacionalista, regionalista y localista del mundo pero luego me enfado cuando se ataca injustamente a mi ciudad o mi comunidad. No conozco a un solo jienense en persona ni me gusta la Feria de Abril. No me hace gracia la porra antequerana, detesto el gazpacho, el flamenquito y yo no somos compatibles y ni siquiera Málaga me convence del todo. Pero… ¡Me da tanta rabia que se insulte con tanta facilidad a los de esta tierra!
No sé, yo veo que mi madre llega tarde todos los días por trabajar. Como mi padre ha estado años dándose madrugones para ir a la fábrica, como otros amigos y familiares hacen lo mismo. En mi grupo de amistades no hay nadie al que le guste ir dando palmas por la calle, ninguno cobra el PER, no dicen que su ciudad es la mejor del mundo y ni siquiera creo que sean aficionados a los toros. Al igual que habrá otros muchos que sí hagan todas esas cosas, que también me parece estupendo. Lo que quiero decir es que los estereotipos sólo sirven para ahorrarse darle al coco, para tener excusas fáciles para tenerle manía a ciudades enteras por ningún motivo o, simplemente, para realizar un ejercicio de ególatra auto-elogio (“Aquí sí que somos listos, no como esos paletos”, “Nosotros trabajamos y el dinero después se lo llevan los andaluces en subvenciones”) para el que era preciso desprestigiar al otro.
Hace poco ordenaba mi cuarto. Demasiada sudadera en el armario en pleno abril mediterráneo. Pienso sinceramente que no hay mayor ejercicio de investigación ególatra que un repaso a los armarios. En un armario está tu ropa, tus libretas, tus viejas pasiones. Fue muy divertido comprobar que aún viven esa Game Boy que me regalaron en esos años de Indurain y Mamachicho. Dios, qué mítico. Tenía un juego de fútbol que consistía en el que cada jugador iba vestido de una manera distinta según al partido al que perteneciera (En España no pusieron un traje de luces pero sí un sombrero mitad agitanao, mitad mafioso). Desconozco si en esos años me costaba ganar o no pero a la primera partida, sin saberme los controles, acabé apagando cuando iba 7-0. Por ahí andaba el mítico Kirbie (junto a Orwell, Allende y Oliver Atón, verdadero referente ideológico), algún juego ortopédico de lucha y el Tetris, el grandísimo Tetris.
Cuando se busca en esos armarios que son infinitamente chicos cuando quieres hacer hueco para guardar algo y suficientemente grandes como para que no dejen de salir cosas cuando quieres vaciarlo, te puedes llevar alegrías, sí, pero también puedes querer volver al pasado y cambiarlo. Porque a ver, una cosa es que con pocos años sucumbiera a la moda de los chandales esos de rastro (morados, rojos, verdes, el más hortera ganaba) pero… ¿en el instituto también era tan cateto? Veo alguna camiseta que me hacen preguntarme cómo podía proponerme ligar en aquellos años. Entre camisetas de colores descoloridas, encuentro una bolsa llena de libretas del instituto y de notitas llenas de conversaciones con mis amigos de la época. En ese momento no sé si felicitar al Dani adolescente por tener letra de maduro o pensar que no he evolucionado lo más mínimo en ese aspecto desde aquellos años.
Reconozco que mi relación con Italia es de amor/odio. Si bien las veces que he pasado por allí lo he pasado bien y quiero repetir, también acabé decepcionado por una Venecia masificada o hastiado de sus autopistas llenas de suicidas.
Parece que sólo escribo tras cada decepción del Geta pero lo cierto es que esta semana no he tenido casi tiempo. Y lo poco que tenía me lo consumió la web de las Series Colegiales. La verdad es que es difícil escribir con prisas. Demasiado contra-reloj como para explayarme y demasiado escaso de imaginación como para soltar un comentario ingenioso con el que poder decir, “ey, miradme, miradme, he actualizado”.
un traspiés.
L´Equipe titula esta noche en su edición digital “El Bayern tiene un gran corazón”, en una noticia en la que ni menciona al Getafe. Se equivocan de pleno. No, queridos, no, el que tiene un gran corazón es el Geta.