“Porque de todo comienza hacer ya mucho tiempo”, canta Bunbury. “Porque las cosas cambian”, me vuelve a gritar. Porque hoy cumplo años. Porque la melancolía, vieja compañera de viaje, jamás me suelta el brazo.

Porque debería sentirme feliz con tanta gente encima mía y me siento quizás un poco más solo que nunca. Porque ha sido el año más raro de mi vida, el de los cambios, el de dejar atrás a gente que valía a la pena, el de fallar a otros. Porque no me dejo ayudar nunca, que dice mi amigo Paco, porque aquel que vive de las palabras no sabe ponerlas  en orden y con coherencia para expresar cómo se siente.

Porque la felicidad está ahí, sí, pero es frágil. Porque el pellizco en el estómago no desaparece, y no sé qué medicina tomar. Porque las lágrimas me visitaron más que nunca en los últimos meses. Porque el remordimiento está ahí, porque las ilusiones siempre tienen asterisco. Porque el agobio me gana el pulso unos días y cuando el vencedor soy yo tengo que librar otra batalla al instante.

Porque 27 es un número precioso, sí, pero me da vértigo. Porque de pequeño decía que a esta edad me casaría y tendría hijos y ahora firmaría una prórroga de otros 27. Porque mi nuevo piso es acogedor pero sigue siendo frío. Porque el eco de la soledad es más prolongado que mis aliteraciones. Porque tuve que dormir en el piso de mis padres para despertar y recibir un abrazo. Porque no quiero dar pena ni recibir mensajes de ánimo pero a la vez quería chillarle al mundo.  Porque no sé qué hago delante de un ordenador y no en una ciudad extranjera perdido con mis nervios y mi mochila.

Porque sé que me arrepentiré al darle a enviar. Porque voy a volver a levantarme.  Porque el idealista nunca puede morir. Porque yo soy yo. Porque hoy es hoy. Porque el 10 de noviembre arregle lo que él mismo estropeó. Porque, a pesar de todo… me lo merezco.

:)